Hace días estaba leyendo bajo los árboles de la universidad, mirando el cromo en la distancia. Es un lugar al que suelo ir cuando estoy libre pero no por mucho tiempo. Allí puedo sentir la brisa gélida, la calidez del sol y el trinar de las aves. Ese día en particular, una llamada de un pichón de canario de tejado (Sicalis flaveola) me desconcentró de la lectura. Intenté capturarlo con la cámara, mientras lo alimentaban y también cuando estaba solo, pero no lo logré. Así que continué leyendo:
> “El amor es como el mar que se escucha en los caracoles… ”
De pronto, un movimiento volvió a desconcentrarme. Era un tordito juvenil (macho de Quiscalus lugubris) que buscaba migajas por aquí y por allá, en el piso o el muro donde yo estaba sentada. Era tan gracioso que me provocó tomarle unas fotos, a pesar que siempre los veo rondando en la universidad o en la ciudad.
Solo me dejó tomarle pocas fotos con mi iPhone 4S y luego huyó. Se los presento:
[IMAGE: https://i.postimg.cc/DzDYXngn/IMG-4454.jpg]
[IMAGE: https://i.postimg.cc/3xNBCzWR/IMG-4455.jpg]
[IMAGE: https://i.postimg.cc/cLFzdQtK/IMG-4453.jpg] En esta me da la espalda y todo ja ja.
Por cierto,
Esta ave se adapta muy bien a cualquier ambiente y pueden encontrarse en zonas intervenidas. Su rango de distribución en Venezuela según Birds of Venezuela de Steven Hilty es desde la costa de Falcón, hasta el río Orinoco en el sur, pasando por Delta Amacuro y Lara. Por otro lado, es una especie con dimorfismo sexual: los machos son negro azulado brillante y las hembras marrones brillantes. Generalmente están en grupos conspicuos y son muy ruidosos. Su despliegue de cortejo es particularmente llamativo porque brincan con las alas extendidas llamando con un "queek-queek-queek".