Recuerdo que de pequeña mi familia era de tomar el carro e ir a largos viajes. Por mucho tiempo viajamos y conocimos diferentes destinos en Venezuela, sobre todo la costa que a todos nos encanta tanto. La Isla de Margarita, distintas partes del estado de Coro y del Estado Vargas y nuestra costa preferida: la del Estado Aragua, Bahía de Cata, Choroní, Cepe, Chuao…
De todos estos viajes recuerdo siempre haber regresado con una bolsita de piedras, caracoles y vidrios que a pesar de que yo sabía que no eran parte del hábitat natural, a veces se veían muy bonitos. Y es que, a quien no le gusta meter la mano en la arena y dejarse sorprender por lo que como sábanas corredizas arropa?
La primera y última vez que estuve en Fort Lauderdale también compartí este gusto con mi primita a quien fui a visitar, y me encantó esta terapia de poder hablar de lo que se mientras recogemos piedras y nos reímos de pensar “a qué se parece” o también de reflexionar cuánta basura ha acaparado las costas cuando vemos cosas absurdas flotando por el mar.
La próxima vez que vayas a la playa sumerge las manos en la arena y déjate sorprender por el sutil performance que puedes crear con la naturaleza.