Pides atención y me molesto
por ser tan descuidada.
Tú, la sal de mi mesa.
La anhelas,
con gestos y palabras,
mientras yo divago
por esos mundos propios.
No pienses, roca mía,
que te olvido,
ángel discreto,
centinela de mi alma.
Solo tú y yo sabemos
de los besos
y el caudal de caricias
que le doy a la sal.
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